¿Qué pasa luego?

El primer abismo financiero para los californianos que reciben (o que aún están esperando recibir) beneficios de desempleo es el 31 de julio, el fin de la última semana para recibir el suplemento federal de $600 por semana — hasta el momento. Se está librando una batalla en Capitol Hill sobre la extensión de los fondos de emergencia, con el apoyo de los republicanos para disminuir el pago a $200 por semana para alentar a los estadounidenses a que regresen más rápido a trabajar. En caso de que los fondos caduquen, los legisladores han propuesto “pedir prestado” a los federales mediante un resquicio legal para pagar los $600 extra por semana con los beneficios de desempleo de California.

Si se dispondrá de fondos adicionales para redes de seguridad es una gran pregunta para los residentes de la clase trabajadora, en particular para los arrendatarios que están mirando atentamente el final de las protecciones contra los desalojos a corto plazo. Los padres que están evaluando si renuncian a sus trabajos o si reducen las horas para supervisar a sus hijos que comienzan las clases de manera remota constituyen otro enorme segmento de la fuerza laboral que está en riesgo de caer a través de los agujeros de la red de seguridad ante la pandemia.

Cuánto pagará el estado en última instancia en beneficios de desempleo — y quién será responsable en el futuro de pagar la cuenta — es una pregunta generalizada para el futuro financiero de California. El gasto por desempleo durante la pandemia ya ha eclipsado los presupuestos anuales totales del estado asignados a la educación superior, el transporte y las cárceles en su conjunto, y supera con creces el gasto anual en cuestiones como viviendas asequibles. Se espera una batalla polémica en los próximos meses para recaudar más ingresos estatales, ya sea a través de más préstamos o de nuevos impuestos.