Por Ronald Fong, en exclusiva para CalMatters

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La crisis del coronavirus nos está enseñando mucho sobre nuestra infraestructura social que no conocíamos o dábamos por hecho.

Por ejemplo, vemos que nuestro sistema de salud es exactamente eso, un sistema en el que todos confiamos y que puede ser desbordado por presiones repentinas.

Descubrimos que nuestros profesionales de la salud de primera línea, enfermeras, médicos, personal de primeros auxilios y todo tipo de trabajadores de hospitales y clínicas, son héroes de primer orden que ponen en peligro su bienestar para atender a los enfermos y vulnerables.

Y estamos aprendiendo que nuestro sistema de distribución de alimentos, esencial durante una crisis, es fuerte y confiable. Los agricultores, los centros de procesamiento de alimentos, los distribuidores y los supermercados dieron un paso al frente para satisfacer las demandas de un público preocupado ante la incertidumbre que supone la orden de quedarse en casa.

Sin duda, hay casos de largas colas y escasez temporal de ciertos artículos, pero nuestro sistema de distribución de alimentos se mantiene a la par de la demanda. Las entregas de bienes han mantenido el ritmo, y los supermercados han trabajado horas extras y contratado nuevos empleados para reabastecer existencias.

Muchos de nosotros ahora descubrimos algo que antes pasaba casi desapercibido: los supermercados son tan importantes para nuestra infraestructura social como las carreteras, los hospitales y las estaciones de bomberos. Necesitamos que funcionen de manera fluida para prevenir alteraciones al tejido social.

Es una lección que debemos considerar una vez que pase esta crisis.

Con cautela y un amplio cumplimiento público de las medidas de seguridad que los expertos en salud pública han presentado, esperamos que se evite la peor de las posibles consecuencias. Hay un largo e incierto camino por delante, pero esta crisis pasará.

Cuando llegue ese momento, los responsables de la formulación de políticas en California podrán dirigir de nuevo su atención a cuestiones que son importantes, pero mucho menos urgentes que una pandemia mundial.

Entre ellos estará el estado abismal del reciclaje en California en el que se observa un resurgimiento de los plásticos que se desechan en el medio ambiente o se entierran en los vertederos. Esto se ha visto acompañado por una disminución de las tasas de redención de los envases de bebidas, a pesar del valor de redención de California de 5 ó 10 centavos que los consumidores pagan por cada envase de bebidas que compran.

El mercado de los desechos plásticos se desplomó en 2017 después de que China dejara de aceptar la mayoría de los envíos. Esto no sólo ha hecho difícil o imposible el reciclaje de artículos como los envases de yogurt y cajas de empaque, sino que también ha reducido los ingresos de los centros de reciclaje ubicados en vecindarios.

Cerca de la mitad de esos centros han cerrado en los últimos años, y el resultado ha sido predecible: las tasas de reciclaje han caído. Para todos los empaques, el reporte más reciente del estado muestra una tasa de redención del 76% y una tendencia a la baja.

Se han propuesto varias ideas en la Asamblea Legislativa para reducir los desechos plásticos, entre ellas la eliminación gradual de los envases de plástico de un solo uso, la exigencia de un mayor uso de materiales biodegradables y la imposición de cantidades más elevadas de contenido reciclado en los nuevos envases a fin de promover un mercado más sólido para los desechos plásticos.

Todas esas ideas se deben explorar y perfeccionar.

Pero una idea que antes tenía poco sentido parece absolutamente impensable ahora: complicar la misión de los supermercados exigiéndoles que sirvan también como centros de reciclaje.

Los supermercados están en el negocio de proveer comida al público. A lo largo de los años, por supuesto, esa misión también se ha ampliado para incluir la provisión de suministros domésticos necesarios como artículos para la limpieza y, sí, papel higiénico para que estén convenientemente disponibles.

Los supermercados no cuentan con el personal ni el espacio para ocuparse de la tarea adicional de procesar los contenedores para el reciclaje, y lo último que se debería promover es la noción de pedir a los consumidores que lleven materiales usados e insalubres a los mismos lugares de los que dependen para proporcionar un suministro de alimentos seguro y protegido.

Cuando superemos esta extraordinaria crisis de salud pública, tomar medidas para impulsar el reciclaje en California seguirá siendo una prioridad importante. Los supermercados harán su parte para tratar de ayudar a crear soluciones. Pero su papel principal es ahora, y debería seguir siendo, el de ser proveedores confiables y sólidos de alimentos y artículos para el hogar.

Los californianos dependen de ello.

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Ronald Fong es presidente y director ejecutivo de la Asociación de Supermercados de California, president@cagrocers.com. Escribió este artículo de opinión para CalMatters.

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