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Los estudiantes universitarios de California cancelaron sus contratos de vivienda y abandonaron en bandada sus residencias estudiantiles después de que las clases se empezaran a impartir en línea y se pusiera en marcha el cierre estatal causado por el coronavirus. Pero en la Universidad de California en Berkeley, varios cientos se quedaron en el campus, ya sea porque no podían permitirse el lujo de irse a casa, no tenían un hogar donde ir o tenían miedo de exponerse a sí mismos o a sus seres queridos al virus. Yo era uno de ellos.

Personalmente, prefiero esperar aquí a arriesgarme a exponer a mi familia. El área de la Bahía fue uno de los primeros lugares donde se propagó el coronavirus, y hay informes de que muchos individuos son asintomáticos. Mi hermano tiene cáncer, lo que compromete su sistema inmunitario y lo vuelve especialmente vulnerable al virus. Mi madre tiene casi 60 años. No quiero ser la que ponga su salud en peligro.

Pero la vida en la residencia estudiantil en la época de la pandemia puede ser desgastante. Concentrarse en las clases requiere mucho esfuerzo, y recordar hacer las tareas o incluso asistir a clase es más difícil que nunca. Cuando mi editor de la red de periodismo universitario CalMatters me sugirió que documentara mis experiencias, pensé que sería una buena manera de procesarlas. A continuación les presento mi diario, con las fotos que he ido tomando.

Un campus casi vacío: 13 de marzo – 22 de marzo

Es extraño ver las calles de Berkeley tan vacías de estudiantes al mediodía entresemana.

Después de que el condado de Alameda emitiera una orden de cierre, los estudiantes acudieron en masa al Bear Market —una tienda conectada a uno de nuestros comedores— y vaciaron los estantes de leche, cereales, jugos, cenas listas para calentar en el microondas y dulces.

El personal cerró un baño en el pasillo de mi residencia, junto con el salón y el gimnasio de vanguardia, lo cual es una lástima, porque si vamos a estar encerrados al menos podríamos hacer ejercicio. Pero, por supuesto, los gimnasios son una fuente de gérmenes y sudor.

La despensa de alimentos, sin embargo, sigue funcionando. Cuando la visité, la fila se extendía hasta el exterior y los voluntarios se aseguraron de recordarnos que mantuviéramos un espacio de seis pies entre nosotros mientras esperábamos por el cereal, el agua, las especias, el arroz y la pasta.

Me llamó la atención una librería cerca del campus con un escaparate de libros en el que se encontraban: “FLU: La historia de la gran pandemia de gripe de 1918”, “La vida sin enfermedad”, “Cultura de brotes”, “Sin preparación” y “Compañeros mortales”. ¡Vaya ironía, librería de Berkeley!

Los residentes de Berkeley tienen un buen sentido del humor. En mi paseo de distanciamiento social (que intentaré hacer más a menudo para evitar enloquecer), vi que nuestras encantadoras esculturas del campus se habían puesto mascarillas. Estoy explorando mi campus, buscando nuevos caminos y recovecos para maravillarme, pero me hace sentir incómoda ver a los estudiantes mudándose de las residencias cada vez que salgo, un recordatorio de que las cosas no son normales. Las residencias se están volviendo lugares más silenciosos. ¿Me equivoco al quedarme aquí? ¿Cuántos de nosotros quedamos?

Vi a un estudiante tomándose fotos de graduación. ¡La celebración no se detiene por una pandemia! A muchos nos preocupa que cancelen nuestras graduaciones o que estas se celebren en línea. Los estudiantes de primera generación están molestos por no poder compartir este día con sus familias. Personalmente, estoy molesta por el final anticlimático de mi carrera universitaria. Estuve en la universidad comunitaria por unos cuatro años. Cuando reciba mi título este verano, habré cumplido 25 años. ¿Siete años de licenciatura sin una gran ceremonia? Sí, eso resulta decepcionante.

Me olvidé de ir a clase un día de esta semana… ¡Ay! Es más difícil acordarse de ir a clase cuando en realidad no tienes que ir a ninguna parte.

La nueva normalidad: 22 de marzo – 3 de abril

El comedor ahora se ha convertido en bolsas de almuerzo y cena para llevar durante la semana de vacaciones de primavera. La comida está colocada en forma de media luna en tres mesas. Tomas una bolsa de papel vacía, añades un sándwich y seleccionas la fruta que quieras: ¿bananas o naranjas? Luego puedes elegir si quieres o no una bolsa de papas fritas Lays. No me gustan las Lays, pero tomo una bolsa de todos modos porque ¿y qué tal si nunca más consigo comida?

De camino al baño de mi residencia, veo un aviso de que el personal entrará en mi habitación para determinar si está ocupada. Apenas hay movimiento en este piso y las luces, activadas por sensores de movimiento, ahora siempre están tenues cuando llego al pasillo.

Me recuerda a la película “El Resplandor”, en la que Jack Nicholson enloquece lentamente en un hotel vacío. Este edificio no está embrujado, pero las paredes son tan finas que algunos crujidos suenan como fantasmas jugando al ping pong.

El domingo de nuestras vacaciones de primavera oigo a una chica con ataques de tos. Sé que algunas personas se fueron de viaje durante las vacaciones y no puedo evitar estar un poco enfadada porque me pregunto si nos están poniendo en peligro a todos. Por otra parte, la gente de este piso podría oír mis ataques de tos asmática por la noche y pensar lo mismo de mí.

Esta semana empaqué algunos artículos que probablemente no usaré en las próximas semanas. Zapatillas sin tacón, mocasines, pantalones de vestir, blusas más bonitas, básicamente todo lo que no sean zapatos deportivos y sudaderas va al fondo del ropero.

Ahora que han empezado otra vez las clases, tengo que recordar que debo asistir a ellas. A menudo me ofusco; creo que debido al encierro. La Universidad de Berkeley ha cambiado oficialmente a la calificación de aprobado/no aprobado, un gran alivio porque no estoy al día con las materias.

Muchas de las prácticas, becas y trabajos que solicité se han cancelado. El mercado laboral nunca fue prometedor y ahora luce peor.

En la noche, cuando miro por la ventana, veo a la izquierda el campanario iluminado. A la derecha, veo la Unidad 3, una residencia vecina. Cada noche cuento las ventanas iluminadas y pienso en los estudiantes que aún están aquí.

Aturdimiento escolar: 4 de abril – 20 de abril

“Alexa, ¿cuánto es 478 menos 165 dividido para 8?” Le hago a Alexa una variación de esta pregunta casi todos los días mientras calculo mis metas diarias para mi trabajo de estudio.

Antes de que ocurriera lo de la COVID-19, trabajé como asistente en el Museo de Arte de Berkeley/Archivo de Cine del Pacífico. Las cosas terminaron de repente, y no tuve la oportunidad de despedirme ni de distribuir mis distintivas notas de agradecimiento escritas a mano con mis jeroglíficos.

Mi jefe, que es muy comprensivo, me dio un trabajo que puedo hacer desde mi dormitorio: llamar a unas 500 personas y darles las gracias por ser miembros de la BAMPFA. Hago las llamadas entre mis estudio, las entrevistas de trabajo virtuales y las entrevistas para las noticias.

Es mucha comunicación electrónica para alguien que sufre de ansiedad social, pero mientras más personas llamo, más cómoda me siento. A veces, me dicen que se sienten conmovidos por mi llamada, un momento dulce para terminar un día ansioso y ocupado. 

Por otro lado, se me nubla la mente más y estoy demasiado atrasada en mis clases como para ponerme al día. A veces, me conecto a mi reunión de Zoom y lo silencio todo mientras trabajo en otros proyectos. Ya no leo el material de la clase, sino que pongo audiolibros mientras trabajo en otras clases. Mi esperanza es que alguna información entre en mi subconsciente aunque no esté escuchando.

Envié un correo electrónico a una profesora de inglés y le dije que no puedo seguir el ritmo de su clase. Voy atrasada con la lectura de una novela y no he estado posteando en las secciones de discusión semanal. Antes de nuestra reunión programada, me envió un correo electrónico y dijo que entiende que los estudiantes tienen mucho que hacer. En nuestra llamada, hablamos sobre mis planes para después de la graduación y me aseguró que me va bien en la clase. Sólo necesito leer una novela. Dijo que los estudiantes a menudo sienten que están fracasando cuando no están sacando A. Me tranquilizó hablar con ella y quise que supiera que mi falta de participación en clase no se debía a una falta de interés. En realidad, es probablemente mi clase favorita de este semestre.

***

¿Por qué el clima es tan agradable durante la pandemia? Me hace pensar en toda la socialización al aire libre que ya no podemos disfrutar.

La graduación de los latinos ha sido cancelada debido a la COVID-19, no me tomó por sorpresa, pero sigue siendo decepcionante. Para ser franca, esa era la única ceremonia de graduación a la que iba a asistir. Dos personas de tu elección caminan el escenario contigo cuando recibes tu diploma. Mi madre y mi padre habrían caminado conmigo. Alguien habría llorado.

En casa, mi madre me manda un mensaje para decirme que mi hermano está paranoico, pidiéndole que se duche e inmediatamente lave su ropa después de volver de su trabajo de limpiar casas. A mi hermano y a mí no nos gusta que tenga un trabajo que la ponga en riesgo, pero entendemos que ella siente que no tiene otra opción. Me gustaría poder cuidar de ellos.

Me he enterado de que de los 777 estudiantes que vivían en mi residencia, sólo quedan unos 130. Una vez que fui a la lavandería, dos estudiantes se quedaron fuera esperando a que yo terminara antes de ellos entrar. Sé que están siendo cautelosos y siguiendo las pautas de distanciamiento social, pero ¿por qué me pareció presuntuoso? Yo miro a los demás de la misma manera: no los quiero cerca de mí en este momento. Todos son un peligro potencial.

En el comedor de Crossroads, hablé con un trabajador que me dijo que antes del coronavirus, entre 1500 y 2000 estudiantes llenaban el comedor para el almuerzo y la cena. Ahora, sólo tienen un poco más de 100 estudiantes por día.

Dijo que los cocineros están orgullosos de la comida que hacen. Me entristece que tantos estudiantes se quejen de la comida. ¡Realmente no está mal! La pizza es mejor que la de muchos lugares locales de Berkeley.

También hice algo egoísta. Fui a Whole Foods y me compré un pastel para celebrar una oferta de trabajo de ensueño: una beca de reportera de Hearst Newspapers que empieza en el San Francisco Chronicle este otoño.

¿El final a la vista? 21 de abril – 10 de mayo

Me desperté con un terrible dolor de cabeza y accidentalmente dejé caer la laptop que la universidad me prestó. Ahora el cursor no funciona. Así que ahora no tengo laptop y además tendré que pagarla. Qué bien.

En las clases en línea, las salas más pequeñas de Zoom están pensadas para promover una participación más íntima, pero siempre me he callado y he apagado mi video. Ahora, veo que los demás están haciendo lo mismo. Es como si ya no se molestaran en siquiera intentarlo. Así que esperamos hasta que el profesor nos permite volver a la clase principal. Esos cinco minutos son los más largos.

Es triste que sólo quiera hacer lo mínimo. Antes me gustaba la universidad. Viendo el lado positivo, esta es la última semana de enseñanza. Ya casi terminamos.

Aparentemente, otra persona sigue en mi pasillo. Es muy callado. Pero yo no. Lo siento, Tyler, si ese es tu nombre, por hacer ruido durante mis llamadas telefónicas y por no parar de ver “The Good Place” y escuchar “Rumors” de Fleetwood Mac, esos son mis ratos felices.

Como el final se avecina, me siento un poco desquiciada. Cuando voy al baño, termino dejando mis llaves en las superficies de allí. Me lavo las manos durante 20 segundos con jabón y agua hirviendo. Luego lavo las llaves, y tomo un desinfectante de manos del dispensador para las manos y las llaves. El punto más bajo para mí este semestre podría haber sido cuando pasé media hora bajo el dispensador de desinfectante de manos llenando mi propia botella con ese líquido evasivo, saltando al más mínimo sonido de gente acercándose.

En la última sesión de mi clase de Estudios Americanos, el profesor Jon Winet se puso un birrete y nos dio unas últimas palabras para seguir nuestro camino. Habló de lo salvaje y “sin precedentes” que ha sido este semestre. Me reí de la tontería del birrete, pero fue un gesto reflexivo. Si no asisto a ninguna otra ceremonia de graduación este año, al menos tendré esto.

Le pedí a mi padre que condujera hasta Berkeley y me llevara a casa en Los Ángeles. Estoy ansiosa por volver a casa. ¿Y si sin saberlo llevo el virus? Mi hermano quiere que me aísle antes de que vuelva, pero no sé si lo podré hacer pues necesito conseguir comida del comedor cada dos días. Creo que esos viajes me han mantenido cuerda.

También extrañaré la privacidad que tengo al estar en esta residencia. Compartiré la habitación con mi madre cuando vuelva a casa. La televisión siempre estará encendida y mi hermano estará en la sala de estar. No sé dónde conseguiré un lugar tranquilo para trabajar. Ojalá pudiera quedarme aquí hasta que todo esto termine, pero no sabemos cuándo será.

Más que nada, el nuevo coronavirus me hizo lamentar no haber terminado la escuela antes. Pero también estoy agradecida de haber experimentado todo esto a través de la perspectiva de una estudiante universitaria, y de estar graduándome con un increíble trabajo esperándome.

El mercado laboral del periodismo ya estaba en un terreno inestable, y los medios de comunicación que pendían de un hilo han sido destruidos por la COVID-19. Muchos estudiantes que se gradúan no tienen perspectivas, no porque no sean capaces o talentosos, sino porque los empleadores no tienen los medios para contratar en medio de los recortes presupuestarios y los despidos.

Titulares aterradores proclaman que esta crisis económica es peor que la recesión de 2008 y desde el punto de vista de los estudiantes, estoy de acuerdo. Al menos las promociones que se graduaron a finales de 2000 pudieron asistir a su ceremonia en persona.

Arredondo es miembro de la College Journalism Network (Red de Periodismo Universitario) de CalMatters, que es una colaboración entre CalMatters y estudiantes de periodismo de todo el estado. Esta historia y otras coberturas de educación superior son apoyadas por la College Futures Foundation (Fundación de Futuros Universitarios).

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Vanessa Arredondo recently graduated from UC Berkeley. Originally from Los Angeles, she got her start in journalism by working for the Pierce College Roundup newspaper at her community college. She is...