Por Mindy Romero, en exclusiva para CalMatters

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California se convirtió en protagonista de las elecciones presidenciales de 2020 cuando el estado adelantó sus elecciones primarias de junio a marzo. El adelanto significaba que los votantes de California podían ayudar a seleccionar al candidato demócrata antes de que las elecciones primarias nacionales dejaran de ser competitivas.

Muchos esperaban que el calendario y la competitividad de la elección ayudaran a que los votantes de California, que normalmente no participan en las primarias, se mostraran más representativos de la población. Pero el desglose del número de votantes que acudieron a las primarias nos recuerda las barreras arraigadas al voto que siguen experimentando los grupos históricamente menos representados. Y nos muestra que hay que hacer mucho más para alentar y apoyar la participación de los votantes.

En el período previo al día de las elecciones, California recibió más cobertura de los medios de comunicación y se benefició de más visitas de campaña, algunas en zonas del estado que casi nunca se ven visitadas por los candidatos en una primaria presidencial. Pero, en general, California no vio aumentar la atención de los candidatos que esperaban muchos grupos comunitarios y de defensa de los votantes. 

Al final, el senador Bernie Sanders, el candidato que invirtió en California mucho más que cualquier otro contendiente demócrata, ganó el estado. Pero la elección de California no ganó la noche; el exvicepresidente Joe Biden venció a Sanders en 10 de los 14 estados que celebraron primarias el Súper Martes.

Entonces, ¿cuál fue el nivel de participación en las competitivas primarias de California?

Con un 38.4%, la participación oficial de los votantes elegibles ‒el porcentaje de ciudadanos adultos que votaron‒ aumentó casi 4 puntos porcentuales por encima de la participación en las primarias presidenciales de 2016, la elección comparable más reciente. Además, la participación fue la segunda mayor participación en las primarias que California ha visto en los últimos 38 años. La más alta fue del 39.5% en 2008, cuando Hillary Clinton se enfrentó a Barack Obama.

Sin embargo, los votantes de color y los jóvenes no vieron el mismo aumento en la participación elegible que la población en general. De hecho, las disparidades empeoraron con respecto a las tasas de participación por raza, etnia y edad.

Nuestro análisis de los datos de los votantes por condado que proporciona Political Data Inc. encontró que la participación elegible de los votantes latinos en California fue del 22.9%, lo que supone una ligera disminución de medio punto porcentual con respecto a 2016. La participación de los estadounidenses de origen asiático fue del 21.8%, con un aumento de casi 3 puntos porcentuales. A diferencia de ello, la participación de todos los votantes que no son latinos o asiático-estadounidenses (no se dispone de un desglose de los datos específicamente para los blancos y los afroamericanos) aumentó notablemente del 42.5% al 49.5%. En California, este grupo de población es 83.4% blancos.

En una elección en la que se especuló mucho sobre el aumento de la participación de los jóvenes, vimos que la participación de los jóvenes de 18 a 24 años fue del 16.1%, frente al 17.1% en 2016. La participación de los jóvenes latinos y de los asiático-estadounidenses fue aún más baja.

Estos datos nos dicen que el aumento de participación general que California vio en las primarias de 2020 fue impulsado por votantes mayores que no son latinos o asiático-estadounidenses.

La disminución de la participación de los latinos, los asiático-estadounidenses y los jóvenes se traduce en una menor representación entre los que votan en comparación con sus proporciones en la población total elegible para votar. Los latinos constituyen el 30.9% de la población de votantes elegibles del estado, pero sólo el 19% emiten votos primarios, lo que supone una disminución con respecto al 19.8% de 2016. Los jóvenes constituyen el 14.5% de la población elegible para votar, pero sólo el 6.3% de los que realmente votaron, un descenso desde el 7.2% en 2016. Los asiático-estadounidenses, que constituyen el 14.6% de los votantes elegibles, fueron una mayor parte de los que votaron este año, el 8.6% frente a su participación del 7.1% en 2016.

Es sorprendente que los votantes que no son latinos o asiático-estadounidenses constituyeron el 72.4% de los que votaron en las primarias, mientras que sólo constituyen el 54.4% de todos los votantes elegibles.

Dado que la población latina elegible para votar ha crecido significativamente desde 2016 ‒en un millón‒ la disminución de su porcentaje de voto en las primarias es particularmente preocupante y es producto de la creciente brecha en las tasas de participación entre latinos y no latinos.

En cada elección, los votantes son mayores, más ricos y desproporcionadamente blancos en comparación con la población en general. Los votantes de color, incluidos los afroamericanos, los latinos y los asiático-estadounidenses registran sistemáticamente tasas de participación más bajas.

Estas disparidades en la participación tienen consecuencias significativas. Las elecciones tienen resultados reales en cuanto a políticas y recursos que nos afectan a todos. Esto nunca ha estado más claro que ahora.

En comunidades de todo este estado y la nación, estamos siendo testigos de un movimiento por la justicia racial. Sectores enteros de la sociedad demandan la eliminación del racismo institucional en nuestro sistema de justicia penal. La realidad es que la probabilidad de ver un cambio real depende de las posturas políticas de los funcionarios electos.

Así como el vergonzoso pasado de nuestra nación de políticas discriminatorias como Jim Crow y el acceso a la compra de viviendas [redlining] fueron creadas por los líderes electos de ese tiempo, hoy nuestros funcionarios electos son responsables, directa o indirectamente, de las políticas que perpetúan el racismo institucional. 

Por supuesto, votar no es el único paso para lograr un cambio real y duradero, pero es parte de un conjunto de acciones necesarias. En las elecciones de noviembre, una vez más, los californianos votarán sobre una lista de candidatos y cuestiones que fueron seleccionados por un electorado que no los representa plenamente.

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Mindy Romero es socióloga política y directora del Proyecto de Participación Cívica de California en la Facultad de Política Pública de la Universidad del Sur de California (USC), msromero@usc.edu. Escribió este artículo de opinión para CalMatters. Romero también ha escrito sobre la supresión de votantes y la inclusión en la recuperación económica de California.

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