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Por Theresa Montaño, en exclusiva para CalMatters

Theresa Montaño es profesora de Estudios Chicanos en CSU Northridge y Presidente del Comité de Educación de Profesores de la Asociación de Profesores de California, theresa.montano@csun.edu.

A pesar de que la Asamblea y el Senado votaron abrumadoramente con apoyo bipartidista para hacer de los estudios étnicos un requisito de graduación en la Universidad Estatal de California, la dirección y el liderazgo de la CSU están haciendo todo lo posible para frenar el progreso del aprendizaje inclusivo.

En un artículo de opinión reciente, el rector de la CSU, Timothy White, rechazó las barreras sistémicas para el cambio, mientras que irónicamente promueve la resolución del status quo de la CSU sobre los estudios étnicos.  White presentó la resolución recién después de que el Proyecto de Ley 1460 de la Asamblea, propuesto por el miembro de la Asamblea Shirley Weber, ganó impulso. 

La CSU se queja por el “costo” de fortalecer las ofertas de cursos étnicos, pero ignora – como varios senadores han señalado recientemente – el verdadero costo de no hacer nada: la continuación de siglos de racismo contra la gente de color, incluyendo el asesinato de personas negras, a menudo a manos de la policía. Aunque valoro el apoyo de la CSU a la Enmienda Constitucional 5 de la Asamblea para restablecer la equidad en las admisiones y contrataciones de la universidad, el AB 1460 es igual de significativo para terminar con el racismo sistémico.

El Gobernador Gavin Newsom ahora tiene la oportunidad de tomar la antorcha y asegurarse de que cada estudiante que se gradúe en cualquiera de los 23 campus de la CSU aprenda sobre las contribuciones de las personas étnicas racializadas y sus experiencias en esta sociedad.

Durante más de 50 años, las comunidades de color, los estudiantes y los profesores han defendido los estudios étnicos, realizando huelgas de hambre, mítines y sentadas. En la década de 1970, yo era una de esos estudiantes. Como joven activista Chicana, yo, junto con otras dos jóvenes mujeres, convencimos a cientos de estudiantes para que salgan de nuestra escuela secundaria para protestar contra un sistema educativo que mintió sobre nuestra historia, deshonró y faltó el respeto a nuestro idioma, y se esforzó por confinar a nuestra población en el extremo más bajo de la escala económica.   

En ese entonces, las/los Chicanas/os éramos aproximadamente el 20% de la población de Los Ángeles, cerca de la mitad de mi escuela estaba compuesta por estudiantes de color, y la cantidad de Chicanas/os en colegios y universidades era minúscula. 

Hoy en día, la cantidad de estudiantes de color representa a la mayoría de los estudiantes en nuestras escuelas K-12, colegios comunitarios y Universidades del Estado de California. Es el momento de reconocer las voces de aquellos que fueron desatendidos anteriormente. Diecinueve de los 23 CSU son Instituciones de Servicios para Hispanos, el 62% de los diplomas de licenciatura otorgados a los estudiantes Latinxs son de la CSU, y la CSU se jacta de ser uno de los sistemas universitarios más “étnica y racialmente diversos de los Estados Unidos”. El hecho de que nos veamos envueltos en una batalla por tres unidades de estudios étnicos como requisito de graduación es descorazonador, por no decir más.

Como profesores de estudios étnicos, buscamos una mayor empatía con nuestras historias de persecución y represión, por lo tanto hacemos referencia constantemente a otras formas de opresión en nuestras aulas.  Los estudios étnicos son una disciplina inclusiva; son relevantes, adecuados y alientan a los estudiantes de todas las razas a hacer conexiones significativas con el plan de estudios.

Quiero que mis estudiantes conecten sus realidades e historias vividas con las luchas históricas y contemporáneas de mi pueblo. Así es como aprendemos a cruzar nuestras historias, a empatizar con la opresión de otras personas y, lo que es más importante, a aprender acerca de la importancia de la unidad y la solidaridad. Asimismo, Christine Sleeter argumenta que los estudios étnicos permiten a los estudiantes blancos aprender sobre culturas, historias y experiencias diferentes a las suyas, y eso impacta en las formas en las que viven en nuestra sociedad. Esto conduce a la reducción de la supremacía blanca, del racismo y del odio que tienen sus raíces en la ignorancia y en los estereotipos.

Es el momento de respetar las historias, las culturas y los relatos de los estudiantes de color en California, y la tradición académica de 50 años de estudios étnicos. Es el momento de que los estudiantes de toda California participen en un auténtico curso de estudios étnicos, y que se beneficien con el inmenso valor académico y social que se ha demostrado que el curso de estudios proporciona a los estudiantes de todas las razas/etnias.

”Es el momento de reconocer que los estudios étnicos no son solo parte de mi historia, sino que son parte de la historia de California.” Newson puede hacerlo posible al firmar el AB 1460 cuando esté en su escritorio.

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