Por Caitlin Patler y Erin Hamilton, en exclusiva para CalMatters

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En un duro golpe a la administración Trump, la decisión de la Corte Suprema del jueves concluyó que el intento de la administración de terminar el programa de Acción Diferida para los llegados en la infancia, conocido como DACA, era “arbitrario y caprichoso”.

La decisión 5-4 del tribunal niega a la administración de Trump la posibilidad de proceder a un cese inmediato del programa, afirmando que no se justificaba suficientemente el cese. Sin embargo, la administración podría suspender el programa en el futuro si proporciona una justificación legal adecuada.

La administración Obama anunció en 2012 que DACA concedería un alivio de la deportación y una autorización de trabajo temporal a los inmigrantes indocumentados elegibles que llegaron a los Estados Unidos cuando eran niños.

El programa de DACA ha sido un éxito inequívoco. Como nosotros y otros investigadores mostramos en un escrito a SCOTUS (la Corte Suprema de los EE. UU.) en el caso de hoy, la investigación sobre DACA es clara: DACA permitió obtener amplios beneficios socioeconómicos y de salud para los aproximadamente 700,000 receptores de DACA actualmente activos, incluyendo un aumento en la tasa de graduación de la escuela secundaria y en la asistencia a la universidad, mayor empleo y salarios más altos, y una mejor salud física y emocional.

Pero DACA ha sido beneficioso más allá de los propios receptores. Como argumentaron los demandantes en la decisión de hoy, los efectos de DACA también se manifiestan en sus círculos exteriores, mejorando sustancialmente la vida de cientos de miles de ciudadanos de los Estados Unidos, y de los niños en particular.

Aunque los beneficiarios de DACA eran en su momento niños cuando llegaron a los Estados Unidos, la mayoría son ahora adultos y muchos han formado sus propias familias. En la actualidad, casi 256,000 niños ciudadanos de los Estados Unidos tienen por lo menos un padre que es beneficiario de DACA. El programa DACA ha sido un gran beneficio para esos niños: además de las ganancias económicas para sus hogares, nuestra y otras investigaciones han vinculado a DACA con reducciones significativas en los trastornos de adaptación y ansiedad y con una mejor salud general entre los niños ciudadanos estadounidenses que reciben DACA. El programa DACA en realidad logró que estos jóvenes y niños ciudadanos estadounidenses sean más saludables.

Más de 200,000 receptores de DACA están desempeñando funciones esenciales en la batalla contra COVID-19, incluidos los trabajadores de atención médica de primera línea, los trabajadores de toda la cadena de suministro de alimentos y los maestros. Cada uno de estos grupos de trabajadores contribuye a la sostenibilidad de nuestras comunidades: los profesionales de la salud nos mantienen literalmente vivos; los trabajadores del sector alimentario ponen comida en nuestros platos, y los educadores se encargan de la enseñanza de nuestros jóvenes.

La decisión de la Corte Suprema significa que DACA está a salvo por ahora, pero quizás no permanentemente. De hecho, la administración podría seguir adelante con justificaciones legales para terminar el programa.

Está claro que rescindir DACA sería catastrófico para los beneficiarios y sus familias, así como para las comunidades más amplias de los Estados Unidos. Nuestra investigación ha demostrado que la incertidumbre sobre el futuro del programa puede disminuir las mejoras de salud que los receptores de DACA y sus hijos experimentaron inicialmente. Si DACA termina, las vidas de los receptores y sus hijos se verán dramáticamente alteradas, con serios riesgos para su bienestar. De hecho, ICE ya declaró que buscará la deportación de los beneficiarios de DACA con órdenes de deportación previas si el programa termina.

Hasta que el Congreso actúe para conceder el acceso a un estatus legal permanente, el bienestar de los beneficiarios de DACA, sus hijos ciudadanos estadounidenses y nuestras comunidades en general siguen bajo amenaza.

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Caitlin Patler es profesora adjunta de sociología en la Universidad de California en Davis, donde es miembro del comité ejecutivo del Centro de Migración Global y experta en inmigración y DACA, patler@ucdavis.edu. Erin Hamilton es profesora adjunta de sociología en la Universidad de California en Davis, y es experta en migración, salud de la población y demografía, erhamilton@ucdavis.edu. Escribieron este artículo de opinión para CalMatters.

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