In summary

Dada la rica diversidad cultural de California, se necesitan rastreadores de contacto que sean capaces de hablar con los pacientes en su lengua materna y con sensibilidad cultural.

Por Anthony Iton, Especial para CalMatters

El Dr. Anthony Iton es vicepresidente senior de California Endowment, tony@tonyiton.com. Tiene un título de médico de la Facultad de medicina de la Universidad Johns Hopkins y un título de abogado de la Universidad de California, Berkeley. Sígalo en Twitter @dr_tonyiton.

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Conforme el número diario de casos de COVID-19 de California superó por primera vez los 11.000, queda claro que el estado no está en absoluto fuera de peligro en cuanto a esta pandemia.

A pesar de los nuevos y necesarios pedidos de mascarillas en todo California, la dura realidad es que hasta que no hayamos fortalecido nuestra infraestructura de salud pública para controlar esta enfermedad de manera efectiva, entretanto no haya una vacuna, más californianos se contagiarán, serán hospitalizados y morirán a causa de la COVID-19.

Y debido a que esta pandemia está causando estragos de manera desproporcionada entre las minorías étnicas, seguiremos perdiendo más vidas de afroamericanos y latinos.

Cuando el virus azotó por primera vez a los Estados Unidos a principios de año, líderes estatales y locales, acatando las pautas de los expertos en salud pública, no sólo ayudaron a que California se adelantara al resto del país y aplanara la curva al comienzo de la pandemia, sino también a evitar un aumento en el número de muertes. Y son los expertos en salud pública los que nos ayudarán a manejar la siguiente fase igualmente peligrosa de esta pandemia. 

Una de las armas más poderosas con la que contamos en nuestro arsenal es el rastreo de contactos. Pero si queremos hacer esto bien, tenemos que crear un ejército de rastreo de contactos que coincida con la demografía de las personas más afectadas. En California, eso significa que debemos invertir en el rastreo de contactos dirigido por minorías étnicas.

Con base en mi experiencia a cargo del departamento de salud pública del condado de Alameda, uno de los más grandes de la nación, sé que el rastreo de contactos funciona. Mediante este se ha manejado con éxito la propagación de la tuberculosis y las enfermedades de transmisión sexual, y ha jugado un papel crítico en detener la propagación de enfermedades como el ébola y el SARS.  Además, funciona mejor cuando se utilizan rastreadores de contacto que pertenecen a las mismas comunidades más afectadas por la enfermedad. 

En el rastreo de contactos, los rastreadores trabajan con un paciente para ayudarle a recordar a todas las personas con las que haya tenido contacto cercano durante el periodo en que podrían haber sido contagiosos, y así ayudar a monitorear de manera segura sus interacciones a partir de ese momento. Requiere además que se establezca confianza entre el rastreador de contactos y el paciente. Y, dada la rica diversidad lingüística y cultural de California, se necesita que los rastreadores de contacto sean capaces de hablar con los pacientes en su lengua materna y con sensibilidad cultural.

El coronavirus está causando destrozos en las comunidades de afroamericanos y de latinos en California, como un misil automático a su blanco. Es más probable que los miembros de esas comunidades no cuenten con seguro médico, tengan bajos ingresos y a menudo sienten recelo, cuando no total desconfianza, ante las autoridades gubernamentales, incluso de las que se dedican únicamente al tema de la salud. Emplear rastreadores de contacto que carezcan de sensibilidad cultural aumenta el riesgo de empeorar esta epidemia al ocasionar que estas comunidades se sumerjan en la clandestinidad y no practiquen cuarentenas, aislamiento, ni busquen atención médica.

Invertir en una nueva fuerza laboral de rastreo de contactos es invertir en nuestro futuro y en la seguridad nacional. No se trata sólo de hacer frente a la COVID-19, sino también de prepararse para la próxima emergencia nacional o pandemia mundial. 

Durante décadas, los dirigentes de la salud pública han sido testigos de la disminución de las inversiones en la infraestructura y la fuerza laboral en el campo de la salud pública. De hecho, la financiación básica destinada a la prevención de enfermedades y a programas de promoción de la salud ha disminuido en 580 millones de dólares a nivel federal y se ha estancado en los distintos estados desde 2010. La COVID-19 dejó en claro que no contamos con la infraestructura adecuada para enfrentar una pandemia mundial, lo que obligó a nuestra economía a detenerse de manera abrupta y devastadora.

Invertir en una nueva fuerza laboral de rastreo de contactos también está ligado con la recuperación económica de California y con asegurar que los más afectados por el impacto económico de la COVID-19 sean incluidos en la recuperación. Ahora tenemos miles de nuevos trabajadores desempleados que pueden ocupar rápidamente puestos de trabajo de rastreo de contactos, con la debida formación y verificación.

En nuestra encuesta reciente se observa que la mayoría de los californianos están conscientes de la importancia del rastreo de contactos y apoyan la labor, pero ahora necesitamos recursos federales y estatales para financiar esta actividad a mayor escala. Y no pueden ser fondos para un año únicamente; tiene que haber una fuente de fondos estable durante los próximos dos a tres años, para que los departamentos locales de salud pública puedan invertir en la creación de una fuerza de trabajo fuerte. También necesitamos que los líderes estatales establezcan políticas que faciliten la contratación de rastreadores de contactos provenientes de minorías étnicas, ya que sabemos que, si esto no se solicita de manera explícita, estas minorías quedarán marginadas.

Si algo ha revelado esta pandemia, es que los afroamericanos, los latinos, los asiáticos e isleños del Pacífico y los inmigrantes californianos son la columna vertebral de nuestro estado. Ayudaron a mantener nuestro estado en marcha durante la pandemia y es crucial que también nos ayuden a salir de ella.

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