In summary

Muchos niños de California dependen de la nutrición que reciben de las comidas escolares; las escuelas y las familias necesitarán más recursos para alimentar a sus niños este otoño.

Por Kathy Saile y

Kathy Saile es la directora de No Kid Hungry en California, una campaña nacional anti-hambre, ksaile@strength.org.

Barbara Friedrich, en exclusiva para CalMatters

Barbara Friedrich es una directora jubilada de LAUSD que ocupa el cargo de asesora en No Kid Hungry’s de School Breakfast Champions, prinbnf@gmail.com.

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Una pregunta une a todas las familias estadounidenses en este momento: si sus hijos volverán o no a la escuela este otoño y de qué manera volverían. En California, esa pregunta se responde fácilmente: al menos el 90% de los estudiantes comenzarán el año escolar con educación a distancia a tiempo completo.  

“El regreso a la escuela” parecería ser diferente este año, pero hay una cuestión que permanece igual: hay niños en California y en todo los Estados Unidos que están hambrientos y dependen de la nutrición que reciben en la escuela para aprender, crecer y alcanzar todo su potencial. 

En los primeros meses de la crisis por COVID-19, 1 de cada 4 familias con niños en los Estados Unidos informaron que estaban luchando contra el hambre. Antes de la pandemia, aproximadamente 22 millones de niños – incluyendo 3.8 millones de estudiantes de California – recibían comidas gratuitas o a bajo costo en la escuela, una cantidad que podría aumentar considerablemente en esta nueva economía.

Cuando las escuelas cerraron en marzo, muchas se reconvirtieron en un instante para transformar sus actividades de nutrición. En el Distrito Escolar Unificado de Coachella Valley, Marcus Alonzo cambió la función de su equipo de nutrición de atender a los niños en el comedor a establecer sitios de comidas comunitarias y entregar alimentos en autobús en todas sus zonas rurales. “Eso requirió mucha planificación,” dijo él. “Lo hicimos durante un fin de semana y un día laborable. Fue un desafío, pero lo logramos.”

Desde marzo, No Kid Hungry ha entregado $25 millones a las escuelas y a las organizaciones comunitarias para alimentar a los niños. Durante los próximos 90 días, otorgaremos más millones para ayudar a que las escuelas reconfiguren sus actividades.  Hemos defendido con éxito la flexibilidad en la forma en que se llevan a cabo los programas, así como la obtención de más fondos estatales y federales para alimentar a las familias, y hemos difundido la información sobre las comidas disponibles para quienes las necesitan.

Pero alimentar a los niños será aún más desafiante este otoño. Muchas familias están sin trabajo y tienen dificultades para poner comida en la mesa. Muchos más niños necesitarán comidas escolares. 

Todo esto se produce cuando se diezman los presupuestos escolares. El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, que ha provisto 45 millones de comidas a niños y adultos desde que cerraron las escuelas, está enfrentando un gran déficit presupuestario, como la mayoría de los principales distritos urbanos. Desde el equipamiento fundamental hasta el combustible para las entregas, el equipo de protección personal y la paga por el riesgo del personal, el costo de servir comidas escolares ahora es significativamente más alto que durante el funcionamiento normal. Las escuelas que vuelvan a abrir con educación presencial y a distancia tendrán que ofrecer dos programas de comidas completamente diferentes al mismo tiempo, lo que aumenta los costos. 

Con estos desafíos que se avecinan, las escuelas y las familias necesitan todos los recursos disponibles para alimentar a sus niños. 

Las escuelas necesitan más flexibilidad para atender las necesidades de sus comunidades. El USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) debe extender su exención de elegibilidad de área para permitir que las escuelas en comunidades de ingresos mixtos sirvan comidas gratuitas. Muchas familias de ingresos medios se enfrentan a pérdidas salariales y necesitan esta ayuda.

Los distritos escolares necesitan más fondos para reforzar sus presupuestos de nutrición. Los esfuerzos de caridad ayudarán, pero los estados deben proveer fondos adicionales para mantener en funcionamiento de los programas de comidas en las escuelas. El Gob. Gavin Newsom y la Legislatura de California asignaron $112 millones de los fondos de emergencia para las comidas escolares. Más estados deben seguir el ejemplo. 

Las familias necesitan más dinero para comprar alimentos para reemplazar las comidas escolares perdidas. CalFresh, conocido como SNAP, es la mejor solución para tratar la actual crisis de hambre. SNAP no solo alimenta familias, sino que también alimenta a la economía. El nuevo programa EBT Pandémico es especialmente importante para llegar a los niños en áreas rurales y a aquellos que no tienen transporte para ir a los sitios donde hay comida. 

El congreso debe asegurarse de que cualquier paquete de recuperación ante el nuevo COVID-19 surja de los efectos de estímulo económico de SNAP al potenciar el máximo beneficio en al menos el 15%, aumentando el mínimo beneficio, mejorando la flexibilidad en donde se pueden gastar los dólares SNAP y extendiendo el EBT Pandémico.

No existe una solución única para alimentar a los niños de nuestra nación durante esta crisis, pero con variedad de recursos la superaremos. Las escuelas están listas para responder, y les debemos eso a la gran cantidad de niños y familias que luchan por encontrar soluciones que los apoyen con dignidad.

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