In summary

He aquí el motivo por el cual California, a pesar de contar con 55 votos electorales, no importa mucho a la hora de elegir al presidente de los Estados Unidos.

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Por Jessica A. Levinson y

Jessica Levinson es docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Loyola Marymount y directora del Instituto de Servicio Público de dicha Facultad, jessica.levinson@lls.edu. Es la presentadora del podcast “Passing Judgement”. @LevinsonJessica.

Michael A. Genovese, En Exclusiva Para CalMatters

Michael A. Genovese es profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales en la Universidad Loyola Marymount y presidente del Instituto de Políticas Mundiales de esa universidad, Mgenovese@lmu.edu.

¿Recuerdas cuando mirábamos las encuestas nacionales para tratar de determinar quién ganaría las próximas elecciones presidenciales? Nosotros también.

En las elecciones del año 2000, cuando George W. Bush ganó los votos del Colegio Electoral pero perdió el voto popular nacional frente al entonces vicepresidente Al Gore, muchos de nosotros nos dejamos llevar por la creencia de que el ganador del Colegio Electoral se alinearía con el ganador del voto popular. Estábamos equivocados.

Si el año 2000 fue un despertar nacional sobre la importancia del Colegio Electoral, las elecciones de 2016 fueron campanas de alarma que repicaron por todo el país. La Secretaria de Estado Hillary Clinton ganó el voto popular por casi 3 millones de votos, pero por supuesto perdió el Colegio Electoral frente a Donald Trump.

Las encuestas nacionales son en gran parte inútiles y, adivinen qué, también lo es California, al menos en lo que se refiere al Colegio Electoral. 

Sí, así es, California, con sus 55 votos electorales, más votos que cualquier otro estado del país es, en gran medida, de poca importancia cuando se trata de elegir al próximo presidente de Estados Unidos. De hecho, cerca de 42 de nuestros 50 estados pueden y probablemente deberían dar por sentados.

Si un candidato presidencial visita California, podemos decirle exactamente lo que está haciendo: buscando apoyo económico. Las encuestas actuales indican que Joe Biden tiene una ventaja de más de 30 puntos porcentuales con respecto a Trump en California.   

Ya es bastante negativo crear un sistema en el que se ignora al estado más poblado del país (¡sí, lo somos!) y a la mayoría de los demás estados, como para que encima de eso el Colegio Electoral dé ventaja a un partido político. Tal como el encuestador Nate Silver señaló, incluso si Biden gana el voto popular por un margen incluso de 2 a 3 puntos porcentuales, de todas formas sólo tendría un 46% de posibilidades de ganar la presidencia. Esto se debe en parte al hecho de que 48 estados emplean el enfoque de “todo para el ganador”: da igual si un candidato presidencial gana en un estado por 0.1 puntos porcentuales o por 40 puntos porcentuales. Esto es absurdo.

En pocas palabras, es hora de abolir el Colegio Electoral o de que los estados pasen a otorgar electores sobre una base proporcional. 

Antes de decirles que lo abolan, a continuación se incluyen algunos breves antecedentes. 

¿Qué es el Colegio Electoral? Es el grupo de personas, elegidas por cada estado, que en realidad elige al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos. Ninguno de nosotros vota para elegir al presidente y al vicepresidente el primer martes de noviembre, sino que los votantes de cada estado eligen a un grupo de electores, los cuales se reúnen en diciembre y eligen al presidente y al vicepresidente.   

En la práctica, el Colegio Electoral favorece a los estados pequeños. A cada estado se le asigna el mismo número de electores que de representantes federales. Así que sumen sus miembros del Congreso y sus dos senadores, y ese es el número de electores que tiene su estado. Esto significa que los votantes de Wyoming tienen tres veces más poder de voto para elegir un elector en comparación con los votantes de California. 

Si existe una razón válida que avale al Colegio Electoral, es la idea de que nos protegerá de nosotros mismos. Pero nunca lo han hecho, y cada vez lo hacen menos.

Permítenos explicar esto. Uno de los motivos para contar con un Colegio Electoral es que este grupo de sabios estadistas actuaría como una válvula de seguridad y nos protegería a nosotros, los votantes, en caso de que eligiéramos a un demagogo no calificado. 

Pero esto supone dos problemas: uno, que los miembros del Colegio Electoral nunca han cambiado sus votos para ir en contra de la voluntad de los votantes de su estado en número suficiente como para modificar el resultado de una elección. Dos, la mayoría de los estados tienen leyes de lealtad que castigan a los electores que se rebelan y no votan por el ganador del voto popular del estado que representan.

Así que, si el Colegio Electoral no sirve para ningún propósito de política pública, revisemos lo que hace. Primero, reduce enormemente el poder de voto de los votantes en los estados más grandes (¡sí, una vez más, somos nosotros!), donde tienden a haber votantes más diversos. Segundo, crea un sistema en el que los candidatos presidenciales pueden ignorar en gran medida más del 80% de los estados y los votantes de esos estados. De nuevo, el Colegio Electoral no cambia en absoluto si Biden gana en California por medio punto porcentual o por 40 puntos porcentuales, por lo que para cualquier candidato demócrata es prudente ignorar nuestro estado. En cambio, si la historia sirve de antecedente, la gran mayoría de la publicidad de la campaña probablemente se gastará únicamente en una media docena de estados.

Atrás ha quedado cualquier utilidad que pudiera haber tenido el Colegio Electoral, el cual fue producto de un acuerdo constitucional de última hora. Es hora de deshacernos de esta institución antidemocrática. ¿Pero cómo podríamos reemplazarlo?

Proponemos dos opciones, ambas imperfectas, pero ambas superiores a nuestro sistema actual.

Primero, debemos pasar al voto popular nacional; el candidato que obtenga más votos el día de las elecciones será el próximo presidente. Esto cambiaría radicalmente la forma en que los candidatos presidenciales hacen campaña, y sí, significaría que los candidatos pasan más tiempo en zonas muy pobladas y menos tiempo en zonas rurales poco pobladas. Los candidatos tendrían que hacer campaña donde están los votantes.

En segundo lugar, podríamos mantener el Colegio Electoral, pero los estados podrían pasar a conceder los votos de forma proporcional, en lugar del enfoque de “todo para el ganador” utilizado actualmente por todos los estados excepto Maine y Nebraska. A diferencia de la abolición del Colegio Electoral, esto no requeriría una enmienda constitucional. Esto significaría que todos los votantes, sea en California o Alabama, importan y tienen voz en la elección del próximo líder del país. 

Ambas opciones mejorarían radicalmente las campañas políticas y la votación. No es el momento de aferrarse a un sistema que crea resultados perversos en las elecciones presidenciales. No es momento de que California sea ignorada. 

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Jessica Levinson también ha escrito sobre un fallo que establece que los miembros del Colegio Electoral deben permanecer fieles, sobre las buenas y las posibles malas noticias de la COVID-19, el gobernador puede haberse equivocado al reabrir California demasiado pronto, y sobre los republicanos contra el derecho al voto.

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